miércoles, 20 de mayo de 2009

¿POR QUÉ LOS GENIOS SUELEN MORIR JÓVENES?


Kurt Cobain, Jim Morrison, James Dean, Marilyn Monroe, Sylvia Plath, Alejandra Pizarnik, Jimmy Hendrix, Janis Joplin… Diferente géneros, diferentes épocas, diferentes circunstancias, pero algo en común: todos murieron demasiado pronto y como ellos, muchos otros. ¿Por qué?
“Vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver”, nos dijo el actor James Dean.
Aunque su prematura muerte a los 24 años fuese fruto de un fatídico accidente, ¿qué puede llevar a una persona a decir esta “insensatez”? Menos aún a una persona con una virtud artística como es la de ser actor y con un gran futuro por delante.
Otros jóvenes artistas, sin embargo no se fueron fruto del azar e incluso nos dejaron pistas de porqué lo hicieron.

El famoso vocalista del grupo de rock Nirvana, Kurt Cobain, plasmó sus dudas en una profunda carta antes de quitarse la vida de un tiro en la cabeza a los 27 años. De entre sus líneas se puede leer: “…no puedo superar la frustración, la culpa y la hipersensibilidad hacia la gente. Sólo hay bien en mí, y pienso que simplemente amo demasiado a la gente. Tanto, que eso me hace sentir jodidamente triste. El típico piscis triste, sensible, insatisfecho, ¡dios mío! ¿Por qué no puedo disfrutar? ¡No lo sé!”... Un genio de la música que ni más ni menos que había creado un género y arrastrado hacia él a toda una nueva generación.

Jim Morrison, cantante y líder del grupo The Doors, también siguió a pies juntillas la famosa frase de James Dean. Con tan sólo 27 años, este provocador innato, nihilista y devorador de libros de temática demasiado compleja para la mayoría de los de su edad, vivió a pasos agigantados hasta “pasar al otro lado”. Murió un 3 de julio de 1971 de un supuesto paro cardíaco, convirtiéndose en uno de los más grandes mitos de la música.

Norma Jean Baker, más conocida como Marilyn Monroe, estrella del celuloide e icono sexual de los años cincuenta, nació el 1 de junio de 1926, poco después de que sus padres se separasen. Durante sus primeros años de vida fue entregada en adopción de forma intermitente. A los 8 años su madre fue internada en un centro psiquiátrico por posibles tendencias suicidas. Desde entonces, Marilyn vivió obsesionada con la idea de haber heredado esta “enfermedad”.
Después de una vida de fama y excesos, con tres matrimonios y dos abortos, el 5 de agosto de 1962 fue encontrada muerta a causa de una supuesta auto ingestión de barbitúricos. (Aún no está del todo claro que fuera realmente un suicidio)

“La mujer alcanzó la perfección / Su cuerpo muerto muestra la sonrisa de realización; / la apariencia de una necesidad griega / fluye por los pergaminos de su toga; / sus pies desnudos parecen decir: / hasta aquí hemos llegado, se acabó. / Los niños muertos, ovillados, blancas serpientes, / uno a cada pequeña jarra de leche ahora vacía. / Ella los ha plegado / de nuevo hacia su cuerpo; así los pétalos / de una rosa cerrada, cuando el jardín / se envara y los olores sangran / de las dulces gargantas profundas de la flor de la noche. / La luna no tiene porqué entristecerse, / mirando con fijeza desde su capucha de hueso. / Está acostumbrada a este tipo de cosas. / Sus negros crepitan y se arrastran.”
Al día siguiente de escribir este poema, el 11 de febrero de 1963, a sus 30 años, la escritora estadounidense Sylvia Plath, especialmente conocida como “poetisa”, se levanta por la mañana temprano. Lleva al cuarto de sus hijos, Frieda de 3 años y Nicholas de 13 meses, dos jarritas de leche, pan y mantequilla. Se encierra en la cocina, donde deja dos cartas dirigidas a su médico y al notario, abre la llave del gas y mete la cabeza en el horno.

Alejandra Pizarnik, poetisa argentina, lo tenía todo: genio poético, padres comprensivos, amigos y amantes que besaban el suelo que pisaba y reconocimiento en vida. Esto no evitó que, en su tercer intento, una sobredosis de somníferos pusiera fin a su vida a los 36 años.

Todos estos casos y muchos más, dan qué pensar. Mucha gente recordará y hablará de estos mitos como grandes artistas que lo tuvieron todo y lo tiraron por la borda a causa de los excesos provocados por la fama y el dinero.
Yo, por mi parte, tengo una opinión, al menos generalizada, bastante distinta:
Considero que la mayor parte de estas personas tenían una concepción de la vida muy diferente al entorno que nos rodea a los seres humanos desde hace ya demasiado tiempo; al mundo en que nos ha tocado vivir. Ya fuera algo innato o aprendido por el entorno y/o educación durante sus vidas.
Este tipo de personas no entienden, a mi parecer, el día a día que han de llevar. Repudian lo que perciben de la realidad que les acompaña en sus vidas, y a la vez aman el maravilloso entorno físico que les rodea y lo que se podría disfrutar de él si las obligaciones y responsabilidades no los acosara continuamente.
Imaginan un mundo mejor, intentan vivir la vida a su antojo, como un animal más, que es lo que básicamente somos. Y esto no hace sino alejarlos de la cruda realidad, convirtiéndolos en almas apenadas y, a los ojos del resto, en amargados, inadaptados, antisociales, estrafalarios, polémicos y/o provocadores.
Todo ello los envuelve en un “capullo de seda” del cual no quieren salir en vida, pero sí en alma; un deseo irrefrenable de expresar lo que sienten, de expulsar violentamente lo que llevan dentro, desarrollando así una gran capacidad creativa que los lleva a destacar en cualquier medio de expresión artística que se propongan o el cuerpo les pida. Así, al menos, consiguen extrapolar toda esa rabia e insatisfacción que llevan dentro.
Lo más curioso de esto, es que esa genialidad que desbordan, suele gustar y mucho. Lo cual me hace pensar; ¿lleva todo hombre, en mayor o menor medida, esa insatisfacción por dentro? ¿Simplemente poseen la capacidad de ignorarla o aceptarla y vivir con ella? ¿Aprecian el arte de estos genios porque en cierto modo se descargan con ello?
Por otra parte, este torrente de pasión y transparencia que regalan estos talentos acaban por conseguir un fin letalmente contradictorio con su forma de sentir. Consiguen de los demás algo que acaban por despreciar: el reconocimiento, la aprobación e incluso el endiosamiento propio. Algo que en ningún momento tuvieron la intención de conseguir y que se da de bruces con sus sentimientos, provocando aún mayor infelicidad en sus almas al comprobar que nada va a cambiar ni nada los va a salvar del “mundo inventado” en el que viven. Es entonces cuando la insatisfacción los corroe y los hace estallar.
Pueden poseer todo lo que uno pueda desear en la vida, como en el caso de Alejandra Pizarnik. Más todo ello no hace sino aumentar su vacío y su miedo hacia lo único que quieren y los ata a una pesada responsabilidad para con ellos.
Más tarde o más temprano, el sano e inherente egoísmo que llevamos dentro y del cual necesitamos, suele desembocar en el nefasto final que los acaba marcando como mitos.
El hecho de que esas muertes estén unidas al consumo de drogas, alcohol, fuertes medicaciones antidepresivas o todo a la vez, no me parece, a mi modo de ver, que conviertan a estas sustancias en causantes de sus trágicos finales. Si esto fuera así, tenemos a decenas de “genios” inmunes a todo esto. Gente como Mick Jagger, Keith Richards, David Bowie (al menos en los años 70), Ozzy Osbourne, Iggy Pop… Pienso más bien que fue su propia condena la que se los llevó.
En contra de lo que muchos puedan pensar sobre el consumo de drogas y demás, yo siempre los recordaré como seres hipersensibles que quisieron expresar sus más profundos sentimientos sin ninguna intención concreta o quizás con el ánimo de que alguien los entendiera, y se acabaron hundiendo en la pena de que nada ni nadie vaya a cambiar.
Mentes desubicadas que, por fuerte que pueda parecer la comparación, me hacen recordar al primer “genio incomprendido” de la historia que conocemos: Cristo.

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